El milagro de Sant Vicent Ferrer

Era el año 1409. Sant Vicent Ferrer pasó predicando por nuestra Comarca. El Santo, en compañía de varios discípulos, caminaba por la antigua vía romana de Cádiz a su paso por el pueblo de Montmeló.

Era verano. El calor sofocante había despertado la sed de los peregrinos que al pasar por delante de un hostal situado en el borde del camino, llamado La Grúa, decidieron descansar y tomar un vaso de vino para refrescarse de tan calurosa y cansada jornada.

Los peregrinos no llevaban monedas para pagarlo, vivían de la limosna y de lo que iban encontrando a su paso. Antes de pedir el vino le dijeron a la hostelera que no podrían pagarlo. La posadera les dijo que esa no era ninguna casa de la caridad y que ya podían proseguir su camino, que en aquella casa sin dinero nada obtendrían.

Sant Vicent Ferrer escuchó mudo esta conversación y sin decir palabra saltó de la mula sobre la que iba. Cogió un cubo. Se dirigió al pozo de agua que estaba en el borde del camino. Cuál no fue la estupefacción de la posadera al ver que del pozo salía vino.

Mientras estos descansaban la posadera se frotaba las manos pensando en el dinero que iba a obtener de este misterioso pozo una vez se marcharan esos hombres. Más, su sorpresa se volvió en desesperación. Al irse los peregrinos intentó sacar vino para llenar las jarras de su bodega. Pero del pozo sólo salió agua.

En aquel lugar Sant Vicent plantó una cruz, junto al pozo, para que los habitantes de Montmeló recordasen su milagro.

César Alcalá

Historiador